miércoles, junio 14, 2006

INTRODUCCION


La Transpirenaica en BTT es todo un reto, una apasionante aventura.
En este detallado relato, Pablo Fernández Muñoz nos cuenta sus sensaciones y vivencias en esta dura y exigente travesía en la que, tras doce etapas en solitario, ve colmado un sueño, su mejor viaje en Bicicleta de Montaña. Aquí nos lo cuenta aportando una información muy útil, de primera mano, para aquellos que se animen a seguir sus pasos...

SOBRE MI



Me llamo Pablo Fernández Muñoz y nací en Cuenca en el año 1.965.

Me crié junto a otros dos hermanos, también varones, por lo que la competitividad en el deporte no tardó en despertar entre nosotros y ya hicimos los tres unos pinitos en ciclismo de carretera durante nuestra adolescencia. No lo hicimos en bicicleta de montaña porque en aquellos años no recuerdo que existieran las bicicletas de montaña, al menos tal y como las conocemos ahora, ni que nadie practicara esta modalidad de ciclismo, al menos en nuestra ciudad.

Tras un largo parón deportivo, me enganché a este deporte con 35 años, algo tarde podéis pensar, pero fue algo casi obsesivo. En los tres primeros años había rodado con mi bicicleta más de 30.000 kilómetros saliendo prácticamente a diario.
Al principio lo hacía sólo pero, un día conocí a Pablo Martínez, presidente del Club En Ruta de ciclismo de montaña. Ese mismo día entré a formar parte del club, en el que me siento plenamente integrado, participando en todas las actividades que se programan y colaborando estrechamente con el equipo directivo.
Lo único que lamento es haber tardado tanto en descubrir esta nueva “vida”. Con cuarenta años puede parecer que eres algo viejo en este deporte, pero pienso disfrutar y recuperar el tiempo perdido. Recuperarlo a grandes sorbos como esta larga y dura travesía en la que me embarqué en el año 2.005 y de la que voy a contaros mi experiencia,
LA TRANSPIRENAICA EN BTT.


Pablo Fernández Muñoz
viveysefeliz2009@hotmail.com

ANTECEDENTES A LA TRAVESIA


Año 2.003

Ya me rondaba la idea de cruzar Los Pirineos de costa a costa, pero no fue hasta marzo de 2.003 cuando decidí acometer esta travesía. Cuanto más leía el libro de Jordi Laparra, más me seducía y atraía este reto pirenaico, pero circunstancias familiares no me permitieron emprender la marcha y me vi obligado a retrasar mis planes hasta el año siguiente.

Año 2.004

En enero de 2.004 inicié un rigurosa preparación física para intentar estar al máximo nivel en el mes de mayo. El objetivo era completar la travesía en tan sólo 10 días que eran los únicos que disponía para esta aventura.
Comencé un entrenamiento cíclico que repetía cada semana combinando esfuerzos moderados, series al 90 ó 100% y descansos activos. Los fines de semana salía con el club alargando las distancias de las rutas organizadas y al menos una vez cada quince días me embarcaba en una ruta de gran fondo, con un kilometraje superior a los 100 kilómetros. También me planteé como objetivo fortalecer los abdominales, tríceps y glúteos para lo que hacía todos los días interminables sesiones de pesas y abdominales.
Llegó el mes de mayo y estaba como un toro. Me hacía rutas de montaña de 100 kms del tirón en 4 ó 5 horas. En descensos técnicos y muy pedregosos no notaba cansancio en los brazos como antes y el trasero lo tenía a prueba de bomba. En fin, que creía que eso de la Transpirenaica iba a ser coser y cantar.

Llegué a Portbou a las 22:15 horas del 29 de mayo, monté la bicicleta y me hice una bonita ruta nocturna hasta Llançá por una tranquila carretera costera. El reflejo de la luna en el mar era relajante. Al día siguiente comencé mi periplo con 116 kilómetros hasta Castefollit de la Roca. La sensación era de euforia ya que las piernas respondían a la perfección. Al día siguiente me hice otros 100 kilómetros hasta Toses y ya empezaron los problemas en los puertos de envergadura de la Garrotxa. Los primeros 50 kilómetros fueron siempre hacia arriba y los riñones me dieron el primer toque. A veces me dolían tanto que tenía que ir de pie sobre la bicicleta. A todo esto se unió una incómoda molestia estomacal que atribuyo al agua que bebí en la fuente de Tregurá. La tercera jornada me llevó hasta Noves de Segre con 115 kilómetros de distancia y más de 3.000 metros de desnivel acumulado positivo. Cuando la acidez de estómago y la lumbalgia iban remitiendo, tuve la mala fortuna de golpearme accidentalmente la rodilla izquierda con una piedra puntiaguda al colocar el trípode para hacer una fotografía. A partir de este momento mi aventura comenzó a su fin. El dolor iba en aumento aunque todavía conservaba la esperanza de que al descansar en Noves de Segre, me levantara sin molestias. Esa noche no podía dormir. Estaba preocupado por mi suerte. Sólo había una forma de comprobar lo que me depararía el destino y era cogiendo la bicicleta. Lo hice temprano y en la larga subida a Sant Joan d’Lerm, el dolor de la rodilla se hizo tan insoportable que tuve que pedalear sólo con la pierna derecha hasta que ésta se acalambró. De esta lamentable manera, con una tendinitis severa en la rodilla izquierda y la pierna derecha totalmente acalambrada, llegué a duras penas hasta Llavorsí, donde lo primero que hice fue comprar calmantes en la farmacia para atenuar el dolor. No os imagináis la terrible decepción y la gran frustración durante esos kilómetros angustiosos donde tenía que apretar los dientes para avanzar un solo metro, sabiendo que todo había terminado y que ya era seguro que lo de la rodilla era serio y no me iba a permitir concluir la travesía.
Primer fallo, la falta de humildad y el creerse un Superman de la bicicleta.
Segundo fallo, ponerte metas e intentar concluir en pocos días sin dar tiempo a la aclimatación.
Tercer fallo y fundamental, el exceso de equipaje: 15 kilos en las alforjas más el peso de los bidones de agua.
Cuarto fallo, sobreentrenamiento previo a la travesía.

Año 2.005

Con la lección bien aprendida me planteo la Transpirenaica como objetivo ciclista prioritario para el año 2.005, lo que para mí se ha convertido más que en un sueño, en una obsesión. En febrero comienzo a entrenar específicamente para esta travesía, pero esta vez de forma mucho más relajada, rutas de gran fondo como la Sietepicos, Avila o Albarracín más distanciadas en el tiempo, nada de pesas ni abdominales y la semana previa, descanso deportivo absoluto. La selección del equipaje me permite reducirlo a la mitad portando esta vez tan sólo 8 kilos y eso que llevo un pequeño saco de dormir por cuestiones de seguridad. Todo está preparado. La bicicleta embalada y los billetes de tren en el bolsillo. Esta vez las cosas van a salirme bien, “¡tienen que salirme bien!”.

EL EQUIPAJE


Esta es la relación de todo lo que portaba para esta travesía:

Mantenimiento de la bicicleta:

Parches y pegamento
2 Cámaras
6 Radios
Tornillería de la bicicleta
Llave Allen para desmontar pedales
1 Juego de ruletas
1 Patilla del cambio
1 Trozo de cubierta (por si hay rotura)
Varios eslabones de cadena
1 Cable de cambio
4 Juegos de zapatas freno disco
2 Pasadores freno disco
Multiherramienta con tronza cadenas
Llave de radios
Aceite lubricante
Paño de limpieza

Ropa de paisano:

1 Polo
1 Camiseta
1 Pantalón tipo bermuda
Ropa interior
Zapato menorquín

Ropa ciclista:

2 Maillotes
2 Coulottes
1 Chubasquero Gore-Tex
2 Pares de calcetines
1 Manguitos
1 Par de zapatillas de bicicleta
1 Casco
1 Par de guantes
1 Gafas de sol

Aseo personal:

1 Bote pequeño de gel
1 Cepillo de dientes
1 Pasta de dientes tamaño viaje
Peine
Desodorante
Maquinilla de afeitar

Otros:

Libro “La Transpirenaica en BTT” de Jordi Laparra (Ed.Prames)
Pequeño botiquín de primeros auxilios
Cacao para labios
Protector solar
Saco de dormir (pequeño y ligero 0ºC)
Mechero
Silbato
Brújula
GPS
Pulpo
Cinta americana
Teléfono móvil
Cámara de fotos
Cargadores de cámara y teléfono
Pilas
Bolsas de cierre hermético tamaño grande (se utilizan habitualmente para congelar alimentos; vienen bien por si llueve y además, si metes ropa dentro bien doblada y te sientas encima de la bolsa mientras la cierras, se produce el efecto vacío consiguiendo que el equipaje ocupe la mitad)
2 Bolsas de plástico resistente para proteger las alforjas en caso de lluvia
Documentación y monedero.

ELVIAJE DESDE CUENCA

Cuenca – Madrid (Auto Res: 9,40 €)

Viernes 27 de mayo, estación de autobuses de Cuenca destino a Madrid. La bicicleta va perfectamente embalada en una bolsa especial y las alforjas van unidas con el pulpo como un solo bulto. Las 18:30, ocupo mi plaza en el autobús. Ahora estoy solo, me encuentro solo. Todo lo que haga a partir de ahora será decisión mía y solo mía.
Son las horas que más temo y a pesar de estar muy convencido de lo que estoy haciendo, me embarga una enorme soledad y una gran melancolía. Creo que son dudas y miedos.
Intento relajarme para que el viaje se me haga corto y logro sumirme en una especie de letargo debido al cansancio que he acumulado en las dos noches en vela en las que he estado haciendo el track de GPS en el ordenador siguiendo el recorrido de los mapas del libro de ruta.

Madrid – Figueras (Taxi Conde de Casal – Chamartín: 11 €)
(Tren Estrella litera: 49 €)
(Servicio MRW Figueras – Irún: 12,74 €)

Desde Conde de Casal cojo un taxi hasta la estación de Chamartín. El Tren Estrella sale a las 22:15 horas, así que tengo que tener la mente entretenida para no caer en pensamientos que me crean dudas e inseguridad. Me ayuda a ello el repasar detalles de la travesía hojeando el libro y voy recuperando la ilusión del aventurero de días atrás. Me tranquiliza saber que llevo el GPS que será un buen complemento al rutómetro.
Sigo entusiasmado con mi lectura pero estoy deseando subir al tren.
Andén 19. Llegó la hora. Subo al tren en el vagón que me marca el billete y entre apretones en el pasillo consigo encontrar mi litera y colocar debajo de ella la bicicleta.
RENFE ha estudiado al detalle cómo aprovechar al máximo el espacio. Viajamos hacinados como el ganado y el traqueteo es constante. Sólo falta que vaya gente en el techo del tren para recordarme aquellos trenes hindúes de las películas. En cada compartimento viajamos 6 personas. El espacio es reducidísimo y al principio es angustioso. Sólo puedes ir tumbado en las literas triples o de pie junto a la ventana en un estrechísimo pasillo.
A pesar de todo, el sueño me ha vencido y creo que he conseguido dormir. Está amaneciendo y me levanto para ver por la ventana los primeros rayos de sol. Aún quedan un par de horas para llegar a Figueras pero el tiempo pasa deprisa igual que el paisaje que contemplo.
Por fin estoy en Figueras. Bajo del tren y en un parque cercano, con gran emoción, desembalo mi bicicleta y empiezo a montarla cuidadosamente poniendo especial atención para que todo esté en su justo sitio y bien apretadito. Después de esto, me acerco a la oficina de MRW para enviar la bolsa portabicicletas hasta Irún ya que supondría ir lastrado durante toda la travesía.
Me voy a desayunar a una terraza en la zona comercial de Figueras y después de un buen avituallamiento, comienzo la aventura.

ETAPA-1: FIGUERAS-CAMPRODON

Vista atrás al Coll de Riu


Descenso a Sadernes entre hayas


Escalada libre en el Barranco de Sant Aniol


Barranco de Sant Aniol


Barranco de Sant Aniol


Barranco de Sant Aniol


Barranco de Sant Aniol


Puente de Sant Valentí


Castefollit de la Roca


Paisaje típico de La Garrotxa


Llegando a Sant Pau de Seguries


Camprodón


SÁBADO 28 DE MAYO DE 2.005

FICHA TÉCNICA

Distancia: 89 kms
Desnivel acumulado positivo: 2.427 m
Desnivel acumulado negativo: 1.520 m
Cota máxima: 975 m
Cota mínima: 43 m
Tiempo de bicicleta: 6 h 40 min
Velocidad media: 13,35 km/h

DESCRIPCIÓN

La carretera que une Figueras con Albanya nos acerca entre vastos campos de cerezos a esta pequeña localidad que nos abre las puertas de los Pirineos y del primer collado importante, el Coll de Riu, con duras rampas justo antes de coronar. Un largo descenso nos sumergirá en el profundo barranco de Sant Aniol. Es fácil que veamos colgados en sus roquedos a intrépidos escaladores que ascienden las moles de piedra buscando vías imposibles.
Pasaremos Sadernes y tras cruzar la carretera de Castefollit de la Roca a Oix, entraremos en La Garrotxa, comarca pirenaica de media montaña. Lo de media montaña es por las cotas que no superan los 1.000 metros aunque tendremos que emplearnos a fondo para coronar el Coll de Carreres con durísimas y largas rampas del 15%. Por si fuera poco, enlaza casi sin descanso con el inicio de la Collada de Sant Pau.
Desde Sant Pau de Seguries rodaremos por una especie de vía verde junto al río Ter, muy frondosa, cómoda y en ligero ascenso. En Camprodón nos espera un merecido descanso. Hay una oferta variada en cuanto a restaurantes y alojamientos ya que esta bella localidad es eminentemente turística. Bañada por el Ter, merece la pena andar por sus callejuelas y contemplar el puente de un solo arco sobre el río.

EN LA BICICLETA

Tras el montaje de la bicicleta y un copioso desayuno, parto a las 11 de la mañana desde Figueras por la carretera de Albanya. Apenas hay tráfico y soy testigo de la recolección de cerezas que abundan en la zona.
Estos primeros kilómetros me sirven de calentamiento para afrontar el primer puerto de la jornada. Voy cogiendo altura haciendo continuos zig-zag y la reducción del peso de las alforjas me permite coronar las duras rampas del Coll de Riu montado en la bicicleta, a diferencia del año anterior en que tuve que desmontar en los tramos más técnicos y pedregosos.
El descenso a Sadernes lo hago casi todo semi-sentado en el sillín para no castigar la rodilla. Tengo verdadero temor a que vuelva a ocurrirme lo del año pasado, teniendo que abandonar la Transpirenaica en el cuarto día por una tendinitis rotuliana.
He corregido unos errores del libro que también aprecié en mi anterior incursión. El GPS ha sido tranquilizador y preciso.
El segundo y tercer puerto de la jornada, el Coll de Carreres y la Collada de Sant Pau, pueden considerarse como uno sólo ya que está uno a continuación del otro. El valle es frondoso y el paisaje muy relajante. Las últimas rampas del Coll de Carreres son durísimas y he tenido que parar en el Hostal Vall d’en Bac a pedir agua para rellenar los bidones. Por suerte, la pasan por un serpentín refrigerante y aprovecho para beber toda la que puedo antes de continuar. Agradeciendo la amabilidad afronto los últimos metros del coll y sigo subiendo hacia la Collada de Sant Pau. Los últimos kilómetros se me hacen eternos y el calor es asfixiante. No paro de beber en toda la jornada y estoy exhausto.
En la collada, punto culminante del día de hoy, consulto en el GPS los datos de la ascensión y me estremezco con el dato de los dos últimos puertos: 36 kilómetros de subida. Sólo aquí podemos encontrar ascensiones tan constantes. Psicológicamente es agotador y afecta al rendimiento del ciclista.
En Sant Pau de Seguries tomo el camino de Camprodón que transcurre paralelo al río Ter por la vega. Es una delicia, casi todo asfaltado como una vía verde.
Por fin en Camprodón, me doy una vuelta por el pueblo, muy bonito y turístico, por cierto, y me instalo en un hostal. Callejeando por el centro, encuentro una tienda de bicicletas y aprovecho para hacer unos ajustes a la bicicleta. No encontraremos tienda en mucho tiempo o tendremos que desviarnos del itinerario para encontrar una, así que repasad el equipo por si necesitáis comprar algún repuesto olvidado de casa.

ALOJAMIENTO

Hostal La Placeta
Tf: 972 74 08 07
Precio: 30 euros (alojamiento y desayuno)
Cómodo y coqueto con una magnífica cocina de autor y excelentes vinos.
Dispone de cochera para la bicicleta y manguera para limpieza.

ETAPA-2: CAMPRODON-PLANOLES

Setcases y las cumbres de Coma Ermada y Costabona


Subiendo el Coll de la Gralla


Coll de la Gralla


Descenso a Ribes de Freser


Vista de Queralbs desde la carretera de Vilamanya


Les Barraques


Planoles visto desde Planés


DOMINGO, 29 DE MAYO DE 2.005

FICHA TÉCNICA

Distancia: 60 kms
Desnivel acumulado positivo: 2.050 m
Desnivel acumulado negativo: 1.835 m
Cota máxima: 2.042 m
Cota mínima: 900 m
Tiempo de bicicleta: 4 h 50 min
Velocidad media: 12,41 km/h

DESCRIPCIÓN

Por primera vez sobrepasamos la cota 2.000. En esta jornada tendremos que salvar un importante desnivel en dos únicas ascensiones. La primera de ellas tiene prácticamente 20 kilómetros desde el mismo comienzo de la etapa. Nos vendrá bien la suavidad de los primeros kilómetros de carretera hacia Setcases para calentar antes de afrontar las duras rampas que nos llevarán hasta Tregurá de Dalt donde verdaderamente empieza la subida al Collet de la Gralla por camino. Las vistas al valle del Ter son amplias y espectaculares y es posible que toquemos nieve en el alto.
Por encima de 2.000 metros, rodaremos flanqueando las laderas de la cumbre del Balandrau hasta la Collada Meianell donde cambiamos de vertiente dejando el valle del Ter descendiendo vertiginosamente hacia la profundidad del valle del río Freser.
Ya en la localidad de Ribes de Freser, tomamos la carretera a Queralbs dejándola posteriormente para dirigirnos a Vilamanya por una pared vertical asfaltada de 3 kilómetros sin descanso. Antes de descender a Planoles, disfrutaremos de una zona de bosque frondoso en las estribaciones del Puigmal, el techo del Pirineo Oriental, que nos abrirá las puertas al valle de Toses.

EN LA BICICLETA

Salgo de Camprodón sin madrugar demasiado ya que el kilometraje de hoy no pasará de 60 kilómetros siempre que no tenga errores de navegación. No puedo avanzar más en esta etapa ya que los alojamientos de Toses y de la Collada de Toses están cerrados al no ser temporada de esquí. El año pasado hice noche en Toses y tuve que dormir en un refugio en suelo de madera sin apenas pegar ojo y no pienso caer en el mismo error ya que una noche sin dormir se paga y no se recupera en toda la travesía.
De todas formas aunque la distancia no es excesiva, los kilómetros de hoy tienen mucha miga.
Desde Camprodón la carretera pica ligeramente hacia arriba y el viento sopla de cara. La ascensión a Tregurá de Dalt enlaza con el Coll de la Gralla. La pista va ganando altura en zigzag y vamos ganando horizonte al valle del Ter. En el collado me cruzo con senderistas que me saludan y algunos me dicen que llevaban un rato viéndome subir. Llaneando hacia la Collada Meianell veo a lo lejos a dos ciclistas a los que doy alcance justo antes de iniciar el descenso. Charlamos animadamente y nos separamos en la siguiente bifurcación. Yo sigo hacia Ribes de Freser sorteando piedras del camino y buscando la trazada más favorable. Aún así, estos 14 kilómetros de bajada me han destrozado la espalda y las muñecas. El piso tan irregular ha hecho que perdiera la pieza que sujetaba una de las alforjas con el transportín. El pulpo ha sido mi salvación.
Desde Ribes de Freser tengo unos kilómetros algo más relajantes antes de las durísimas rampas de Vilamanya. Es el tramo más duro y constante de todo lo que llevo de travesía. Qué despacio pasan los metros y cuánto se puede tardar en hacer 3 kilómetros. En cada curva pensaba que aquello se tenía que suavizar, pero la pendiente no bajaba ni un punto. Todo el trayecto al 20%. No imaginaba que tramos como éste e incluso más largos me esperarían en las últimas etapas llegando a Hondarribia.
Entro en zona de bosque con una pendiente mucho más moderada y busco las sombras que me proporcionan los pinos antes de descender a Planoles y al valle de Toses. El libro de ruta me marca una pista muy estropeada pero ya han llegado las máquinas y en su lugar encuentro una pequeña carretera recientemente asfaltada. Me lanzo a tumba abierta cogiendo gran velocidad y me presento en Planoles en un santiamén. Como siempre, recorro el pueblo buscando alojamiento y me instalo no sin antes darle una buena limpieza a la bicicleta y un buen engrase.
Tomando los datos de la etapa del GPS para la ficha técnica, sin querer, he reseteado todo lo que tenía memorizado así que, a partir de ahora, sólo puedo usarlo para grabar y no para seguir los tracks que tenía guardados. Lástima por tantas horas de ordenador que me llevó marcar todo el recorrido pirenaico y por la seguridad que me daba en los momentos de duda.
La habitación es muy confortable, todo nuevo. Espero dormir más horas seguidas. Como he llegado pronto, aprovecho para pasear hasta Planés y encuentro una bonita senda que cogeré también mañana con la bicicleta en lugar de la carretera.

ALOJAMIENTO

Fonda Cal Daldó

Telefono: 972 736 133

Precio: 46 euros (alojamiento+cena+desayuno+bolsa picnic)
Instalaciones nuevas. Habitaciones dotadas de todas las comodidades y una terraza con fantásticas vistas.

ETAPA-3: PLANOLES-TUIXÉN

Valle de Toses desde La Collada


Collada de Toses


Prados de Pla d’Anyella


Prados de Pla d’Anyella


Base de los remontes de Alabau de La Molina


Vistas desde los remontes de Alabau


Ascenso a Cap de Costa Rasa


Base de los remontes del Torrent Negre


Descenso de la Muntanya Sagrada desde Torrent Negre


Descenso de la Muntanya Sagrada desde Torrent Negre. La pendiente va en aumento.


Comienzo de la Torrentera de Pal

Torrentera de Pal


Subiendo el Coll de Pal


Subiendo el Coll de Pal


Subiendo el Coll de Pal


Vista andorrana y comienzo de la Torrentera desde el Coll de Pal


Vista atrás desde el Coll de Pal


Circo del Coll de Pal


Coll de Pal. Cambio de vertiente hacia el valle de Bagá


Refugio Xalet de Coll de Pal desde la Collada de la Bófia


Descenso a Bagá por la vertiente sur del Moixeró


Descenso a Bagá por la vertiente sur del Moixeró


Descenso a Bagá por la vertiente sur del Moixeró


Espectacular puente en el descenso de Pal


Recobrando fuerzas antes de llegar a Bagá


Ascensión bajo la lluvia al Coll de la Bena. Sierra del Cadí


Subiendo el Coll de la Jaça


Al fondo el paso del Coll de la Jaça


Vista atrás desde el Collado de la Jaça


Pedraforca desde el Collado de la Jaça


Vista atrás al Collado de la Jaça desde el Coll de Torn


Josa de Cadí


Josa de Cadí


Ermita de San Miguel S.X


Llegando a Tuixén


LUNES, 30 DE MAYO DE 2.005

FICHA TÉCNICA

Distancia: 80 kms
Desnivel acumulado positivo: 2.620 m
Desnivel acumulado negativo: 2.555 m
Cota máxima: 2.100 m
Cota mínima: 793 m
Tiempo de bicicleta: 7 h 25 min
Velocidad media: 10,79 km/h

DESCRIPCIÓN

Etapa de belleza espectacular en la que disfrutaremos de una gran variedad de paisajes desde las puertas de La Cerdanya y la comarca del Berguedá hasta el valle del Llobregat, rodando por el Parque Natural de Cadí-Moixeró y las laderas meridionales de la Sierra del Cadí. Desde Bagá disfrutaremos de las vistas de la cara sur de las Peñas Altas de Moixeró para ascender, al Coll de Torn, junto a la impresionante pared de la cara norte del Pedraforca, descendiendo por último hasta Tuixén.
La jornada comienza con la larguísima ascensión, casi 40 kilómetros, al Coll de Pal. Para aproximarnos a él, deberemos superar antes la Collada de Toses y subir a Cap de Costa Rasa por los remontes de la estación de esquí de La Molina. Un descenso vertiginoso desde los remontes del Torrent Negre, rodeando la Muntanya Sagrada nos llevaría a la estación de La Masella, pero en esta ocasión optaremos por subir “a capón” por la durísima e incómoda Torrentera de Pal que nos llevará directamente hasta uno de los puntos culminantes de la jornada de hoy, el Coll de Pal. El descenso a Bagá lo haremos por el GR tras superar la Collada de la Bófia en la parte meridional del Cadí-Moixeró y por último tendremos que superar otros 20 kilómetros de dura ascensión hasta el Coll de Torn, siempre con la compañía del majestuoso Pedraforca para bajar al valle de Tuixén, primero por una larga trialera con tramos técnicos y después por carretera.

EN LA BICICLETA

Si tuviera que elegir una sola etapa de entre todas, sería difícil la respuesta, pero creo que me quedaría con ésta porque cada curva, cada cambio de rasante te sorprende con paisajes sobrecogedores donde el cansancio de las larguísimas ascensiones que hay que afrontar, se convierte en placer y éxtasis.
Bueno, ya está bien de filosofar y al grano que os voy a meter un buen ladrillo. Después de estudiar bien la etapa de hoy y ver el perfil que casi asusta, decido madrugar un poquito, así que a las 7:30 de la mañana estoy ya en Planés por la bonita senda que descubrí ayer caminando. Atravieso Toses y paro en la tiendecita, junto a la estación del tren, para comprar unos plátanos y barritas para el camino. Recuerdo a la mujer que me atendió ya que el año pasado hice escala en este pueblo y entonces también le compré provisiones. La subida a la Collada de Toses tiene unos 4 kilómetros con un desnivel del 10%, no demasiado, pero constante y os garantizo que desgasta. He dejado atrás las estribaciones del Puigmal para rodear la cumbre del Puigllançada hasta los extensos prados de Pla d’Anyella, donde vacas y caballos pastan a placer. Parece que la sequía no ha podido con el manto verde del Pla. Al fondo ya se atisba La Collada del Pedró con la base de los remontes del Alabau en La Molina y continuamos, sin dejar de subir, por un zizagueante camino hasta Cap de Costa Rasa. Volvemos a superar la cota 2.000. Desde la base de Torrent Negre, nos preparamos para un corto descenso, pero trepidante, con un suelo un tanto irregular y un desnivel que en ocasiones supera el 30%. La fuerza de la bajada, debido al peso de las alforjas, es difícil contrarrestarla con la frenada y duelen las manos de apretar las manetas de freno y se sobrecargan los tríceps de sujetar el peso del cuerpo y de intentar dirigir la bicicleta por el trazado correcto.
A mitad de la bajada me detengo, a duras penas ya que frenar en seco es prácticamente imposible y tomo la decisión de subir al Coll de Pal por la Torrentera de Pal y son varias las razones que me llevan a ello. Me ahorro unos 12 kilómetros de duro recorrido y las primeras rampas de subida desde La Masella que son infernales. Además evito recordar y pasar por el sitio donde comenzó mi calvario el año pasado al lesionarme la rodilla. No conozco la Torrentera, pero sobre el mapa he calculado unos dos kilómetros, así que por muy mal que se ponga, puedo tomármelo con calma y subir poco a poco. Parece un desprendimiento y las piedras y cantos rodados de menor tamaño, dan paso a considerables rocas entre las que tengo que abrirme paso como puedo. Mientras subo considero que la otra opción tampoco estaba tan mal, pero no puede quedar mucho. Sigo subiendo penosamente arrastrando la bicicleta hasta que por fin, diviso el Coll de Pal. Todavía queda un kilómetro de durísima subida pero al menos he dejado la Torrentera para acceder a la carretera por zona de prados. Por fin corono y contemplo las increíbles vistas desde lo alto de este puerto mítico en el que las nubes viajan por la ladera acariciándola suavemente. Tengo que abrigarme pues estoy empapado de sudor y me estoy quedando frío. Desciendo apenas 2,5 kilómetros cuando abandono la carretera que baja a Bagá para, después de superar la Collada de la Bófia, hacerlo por caminos y sendas abriéndose ante mí parajes idílicos de belleza difícilmente descriptible. El descenso es divertido, aunque agotador, como casi todos los descensos de la travesía, hasta tal punto que, cuando llevas muchos kilómetros, estás deseando volver a subir, ya que no se puede soñar con llanear en esta cordillera.
En Bagá busco una fuente para rellenar de nuevo mis bidones y el olor a panadería me abre el apetito, así que me doy un respiro para recargar energía y afrontar las últimas dificultades de la jornada, el Coll de la Bena, El Coll de Bauma, el Coll de la Jaça y el Coll de Torn, uno detrás de otro y por este orden que completan 20 kilómetros de ascenso. Tengo curiosidad ante este final de etapa ya que el año pasado lo hice con una espesa niebla que no me dejó ver más allá de mis narices. Y hay que ver lo que me perdí. He disfrutado como un niño con juguete nuevo, sobre todo al coronar el Coll de Bauma y abrirse ante mi el impresionante Pedraforca. Miraba hacia adelante y me maravillaba del paisaje. Echaba la vista atrás y no podía seguir sin disparar una foto. Allá donde fijara mi vista, encontraba detalles de una belleza singular y única en todo lo que llevaba visto de Pirineo y así, disfrutando fueron pasando los kilómetros y sin darme cuenta del esfuerzo estaba en otro de los puntos culminantes de hoy, el paso de Torn, otra vez a 2.000 metros de altitud. Inicio un rápido descenso, en el que hubiera agradecido un pasamontañas y hasta unos guantes polares, hasta El Collel, donde cambio de vertiente hacia el oeste, dejando atrás el Pedraforca para coger una senda trialera que me llevará a la carretera de Josa de Cadí. La trialera es divertidísima y tiene tramos técnicos pero rápidos a la vez. Si hubiera ido sin alforjas, habría disfrutado muchísimo, pero tengo que bajar con cabeza para procurar no irme al suelo y conservar a la vez la mecánica.
Ya por carretera paso por Josa de Cadí que está en un entorno impresionante y continúo bajando hasta Tuixén donde me espera un descanso reparador.
Ya es rutina diaria mi paseo en bicicleta por el pueblo buscando un buen alojamiento y la limpieza de la bicicleta. Después camino por los alrededores para estirar las piernas y recordar todo lo vivido y antes de cenar, estudio la etapa de mañana y escribo mi diario de donde extraigo estas vivencias.
Como veis, hoy me enrollado más de lo normal, pero es que el recorrido de esta jornada me ha enamorado. Ha sido un día de bicicleta épico. He avistado manadas de rebecos en los remontes de La Molina y del Torrent Negre, incluso casi he sido atropellado por un macho que acosaba a una hembra ajeno a mi presencia. Hasta la fina lluvia que me ha mojado durante la tarde, ha aliviado mi calor y ha despertado las mejores fragancias de la montaña.
Lo único negativo y que me tiene en vilo es ese dolorcillo leve en la rodilla izquierda, justo en el rotuliano, que me acosa y que puede amenazar con terminar en lesión como el año pasado. Sería terrible que me ocurriera de nuevo esta desgracia así que esta preocupación me quita el sueño.

ALOJAMIENTO

Cal Custodi
Tf: 973 370033
Precio: 38 euros (alojamiento+cena+desayuno)
Instalaciones con aire viejo y antiguo pero acogedoras. Trato familiar y excelente cocina. Los espaguetti a la carbonara son los mejores que he probado en mi vida.